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jueves, 25 de septiembre de 2008

Warf "La novela" cap 1.01

Cap 1.01
Efraín confundido y con dolores que recorrían sin cansancio su cuerpo, intentó abrir los ojos, no pudo, en el momento que decidió hacerlo, un grave pinchazo le atravesó el cráneo y decidió intentarlo más tarde cuando parpadear no supusiera un suicidio, decidió escuchar a su alrededor, intentando comprobar donde se encontraba, y que había pasado, ¿Dónde estaba Elvira? Se suponía que le despertaba siempre con suaves caricias y una voz aterciopelada con bellas palabras que le alegraban el día, incluso la semana, aquellas semanas que por desgracia pasaba sin verla. Una cosa estaba clara, estaba en una cama, pero ¿Qué hacía en una cama? ¿Cómo había llegado hasta ahí? Y lo más importante, ¿Dónde estaba Elvira? Decidió recoger todas sus fuerzas para realizar una pregunta en voz alta, supuso que podría soportarlo, no fue así, aunque consiguió emitir un terrible gemido. No recordaba haberse hecho tanto daño; recordó el coche; recordó salir de él; a partir de ahí se emborronaban las imágenes, hizo un esfuerzo; consiguió vislumbrar una luz en el interior del coche, un leve parpadeo verde a la derecha del volante, ¿Qué era eso? Decidió que era importante e hizo graves esfuerzos por recordar, estaba cerca, y al final, recordó.
Esa luz era una llamada de socorro cuando sucedía algo extraño, principalmente que la carrocería del vehículo se hubiera deformado tras el impacto con otro objeto de igual o mayor tamaño y/o masa. Indicaba que alguien sabía donde estaba y que debían acudir con mínimo una grúa, y seguramente una ambulancia con los equipos básicos de auxilio.
Así que le habían rescatado. Pero no recordaba nada. Lo único que sabía era que no sabía nada, y quería saber, sobretodo quería saber donde estaba Elvira. Como no pudo ni siquiera abrir los ojos, ahora que su mente empezaba a reaccionar a los impulsos que enviaba para producir pensamientos y razonamientos, supuso que ella se encontraba en la cama de al lado, posiblemente se encontraran en el hospital que sabía se encontraba a no más de un kilometro de su casa.
Intentó relajarse, dejar que su cuerpo se recupere para poder hacer algo, lo único que podía conseguir era complicarse la mente y los sentimientos sin conseguir nada.
Se despertó incapaz de decir cuánto tiempo había pasado, ni siquiera sabía si se había dormido. Pero abrió los ojos, y pudo ver claramente una habitación de hotel, en la que solo estaba él. No era una habitación normal. No tenia tubos, sino correas, estaba atado. Los ojos le escocían pero podía abrirlos y mirar. Aunque el cuerpo le seguía doliendo, podía moverse y ver que no había ventanas. Justo cuando el pánico iba a inundar sus pensamientos porque en la habitación solo estaba su cama. Entró una bella jovencita vestida de bata blanca, con la sonrisa más sincera que había visto Efraín en su vida.
-¿Cómo se encuentra mi paciente preferido hoy?- dijo la joven
> ¿Hoy? ¿Cuánto tiempo llevaba aquí? <>Bien, pensemos, hagamos de esta situación algo favorable, podemos sacar la lógica de todo esto< se quedó frio.
Y después, se durmió.
Cuando despertó estaba en su cama, sudado y con más dudas todavía. Tras la confusión momentánea, comprendió que todo era un sueño, seguía sin entender como había llegado hasta ahí, pero al menos era un lugar conocido. Pensándolo dos veces, se dio cuenta de que era su cama, sí, pero la de hacía quince años cuando era un niño, y vivía con sus padres.
Le dolía el cuerpo, pero no era el mismo dolor, era el típico dolor de cuando te pasas más horas de las que uno se acostumbra en una cama. Despacio, se levantó, se vistió con la ropa cuidadosamente plegada y planchada, puesta intencionadamente en una silla al lado de la cama. No era su ropa, pero olía bien.
Tras un par de minutos, en medio de la habitación, de pie, intentando escuchar algún sonido especial, decidió salir al rellano, después de no encontrar a nadie decidió, no sin cierto temblor en las manos, descender el tramo de escaleras que comunicaba la planta baja con el primer piso, donde estaban las habitaciones. Mirando para todos lados, comprobando todo el mobiliario y la decoración, comprobó que quitando un par de cambios, como la moderna televisión de plasma, y otros detalles menos destacables, el resto, seguía igual. El mismo tapete de ganchillo sobre la mesita donde reposa el teléfono y una lamparita con cierto tono amarillento, merecido tras largos años de fría paciencia. Decidió encaminarse hacia la fuente de sonido claramente definido en la cocina. Las cortinas estaban extendidas, lo cual indicaba que debía ser media tarde, eran bastante gruesas, aunque dejaban pasar la luz suficiente para no sufrir el endiablado impacto de algún canto en la espinilla menos afortunada.
Al llegar a la puerta de la cocina, vio claramente que la luz estaba encendida, y debía estar su madre trajinando con algunos cacharros. La puerta medio entornada cedió fácilmente por el leve empujón que permitió a Efraín ver con claridad a su madre reordenando por enésima vez la cocina, y a su padre leyendo el periódico recostado contra la pared sobre una vieja silla de madera.
En principio no ocurrió nada, Efraín no dijo nada, y sus padres no se percataron de su presencia. Tras unos largos y ruidosos momentos, pues en ciertas ocasiones el silencio puede ser verdaderamente ensordecedor, llego un momento aún más ensordecedor a causa de un silencio todavía más agónico. A su padre se le cayó el periódico al regazo, y su madre llena en un instante de lágrimas, llegó en un par de brincos a Efraín y lo levantó por los aires en un fuerte abrazo que le hizo perder el aliento por un instante.
-¿Dónde has estado? ¿Cuándo has llegado? ¿Estás bien?... - dijo su madre entre beso y beso sin soltar al joven de entre sus brazos y, prácticamente, sin respirar.
Algunas de las preguntas se le escaparon, no consiguió entender ni media palabra, pues seguía retumbando los besos en sus oídos.
-Calma, calma- pidió Efraín cuando consiguió zafarse de los besuqueos de su madre.- Pero ¿Es que no me habéis traído vosotros? Tuve un accidente y lo siguiente que recuerdo es haberme levantado aquí. ¿De quién es esta ropa?
-Sí sí sí –ignoró su madre- Sabemos lo de tu accidente, salió en todos los telediarios. Lo que nadie sabía era dónde estabas tú. Cuando llegaron al coche, que por cierto como lo dejaste hijo, ¿Estás bien? ¿Quieres un café? Sólo encontraron un amasijo horrible de hierros y cuero.
Dudó en seguir preguntando, deducía que sus padres no sabían más de lo que ya le habían dicho, a partir de ahí empezarían a preguntarle, o a relatar las ignorantes frases que resuenan en los noticiarios vespertinos.
-Me vendría bien un café, gracias.- dijo al fin su hijo.
Vestía unos pantalones vaqueros, unas deportivas blancas y un suéter de punto de un verde que sabía que no había tenido nunca, aunque le encajaba perfectamente. Así que decidió preguntar por él de nuevo, para ver si esta vez tenía suerte.
-¿Y esta ropa, de quien es?- la tuvo.
-No lo sé, creía que era ropa tuya- Contesto sin inmutarse su madre.
-No la había visto nunca.
-Por cierto, ¿cuándo llegaste?- preguntó su padre sin mayor interés, tan solo para levantar una ceja por encima del periódico.
Tardó unos momentos en percatarse, realmente no sabían nada de él, y hacía... no sabía cuánto tiempo había pasado, pero para sus padres, era la primera vez en bastante tiempo que le veían, sobretodo cara a cara.
-¿Cuánto tiempo llevo desaparecido?
-Pues, ¿Qué día es hoy? Jueves, entonces-estuvo pensando unos segundos, aislada del resto, y entonces continuó- 16 días.
¡Dieciséis días! Increíble, le surgían un millón de preguntas que nadie podía contestar, nadie que el supiera, tendría que haber alguien, alguien le tiene que solucionar este quebradero de cabeza que llevaba soportando no sabría decir cuanta infinidad de horas. ¿Sería cierto lo del hospital? No sabía ni cómo empezar a solucionar esto.
Decidió que en la casa de sus padres no iba a encontrar las respuestas, no por ahora, le dio un beso en la frente a su madre, cogió una galleta y salió de la casa dispuesto a coger el autobús que le acercara a su casa que tan solo estaba a un par de kilómetros. Buscaría información de la agencia de seguros a ver que le solucionaban. O simplemente para recuperar el llavero que colgaba del retrovisor. Un colgante que le regaló Elvira, era una magnifica probeta fundida en plata con el nombre de los dos grabado con unas preciosas y decoradas letras.
La parada del autobús estaba a tan sólo cincuenta metros, y había buenas vistas, por lo que se veía perfectamente que el autobús no daba señales de aparecer en un buen rato. Se sentó a esperar intentando relajar los nervios acumulados.
Estuvo solo un buen rato, hasta que se le sentó un señor misterioso a su izquierda. El misterio era evidente porque se había situado ahí de forma premeditada, y ni siquiera le había mirado, obviando que se encontraba ahí y era el hombre con el que quería encontrarse. Efraín mantuvo la calma. Y esperó
Siguió esperando hasta que llegó el autobús diez minutos después, pagó su billete y se sentó en la parte trasera. El señor vestido con un traje negro se sentó descaradamente a su lado, seguía sin mirarle, al menos de forma evidente.
Cuando llegó a su parada bajaron juntos, el hombre misterioso un paso por detrás, Efraín consideró la posibilidad de preguntarle cualquier cosa, pero le gustaba la idea de que este hombre tuviera respuestas, e ideó un plan para llevárselo a su terreno y sacar información. Pero cuando hubo caminado un par de calles se fijó que caminaba a solas por la urbanización. Se preguntó si de verdad le estaba siguiendo o era su deseo de respuestas el que se había montado toda una conspiración a costa suya. No importaba, fuera lo que fuere ya lo descubriría a su debido tiempo.
Llegó sin percanes a su casa, abrió la puerta del jardín, atravesó la entrada, y se introdujo sin ambages en la casa y fue directo a la cajonera donde guardaba todos los papeles con cierta importancia. No tardó demasiado en encontrar lo que buscaba y llamó.
-Hola buenas, soy Efraín Ramos, necesito información sobre el accidente de mi vehículo.
La llamada fue corta pero clara, en menos de una hora habría un responsable en su casa para intercambiar datos. En estos casos ser alguien famoso y con dinero ayuda mucho.
Como anunció la voz del auricular, no tardó mucho en llegar un señor bien arreglado con un traje claro y un maletín de piel oscura, anunciándose en nombre de la compañía de seguros. Cuarenta y tres minutos para ser exactos, con los nervios no había podido evitar contar cada minuto de espera. Sin embargo en menos de veinte minutos la conversación había acabado y Efraín estaba en la puerta despidiendo a su visitante con una sonrisa de perplejidad que no intentaba disimular.
Se sentó en el sofá con la mirada perdida, ahora tenía toda la información que poseía la compañía de seguros, no habían puesto ninguna reticencia en compartirla con el propietario, principalmente porque no había mucho que contar, nada más allá de la información que cualquiera puede sacar de las noticias. El vehículo estaba vacío cuando llegaron los auxilios tras la llamada de socorro hecha de forma automática por el propio coche después del accidente, o durante, la información de la velocidad con la que estas trasmisiones se realizan no suelen ser de importancia, y no se difunden.
Y ahora qué. Lo único que se le ocurrió fue visitar de nuevo el lugar del horrible acontecimiento. A ver si por alguna casualidad recordaba algún detalle importante.
Cogió un coche más modesto y fue sin prisas hasta aquella curva. Al llegar, reconoció de inmediato el árbol, por las huellas dejadas en el barro. Empezó a buscar pistas en el fango. Al principio se negó a reconocer, pero al final cedió, reconoció unas manchas que claramente eran de sangre, todavía quedaban restos del metal y algún trozo de cristal. Cuando estuvo un buen rato mirando sin encontrar detalles nuevos, ya desesperado, se fijó en las huellas de unos pasos, era confuso por culpa de los hombres del seguro que anduvieron por ahí. Pero lo consiguió, consiguió identificar sus huellas. Al principio se movían de forma indecisa, después rodeaban el coche hasta llegar a la zona donde había estado la puerta del copiloto. Después... se alejaban del coche y de la carretera y luego... luego nada, las huellas desaparecían sin dejar rastro.
Los del seguro aseguraban haber llegado en no más de media hora. Esto explicaba por qué no habían encontrado nada, pero él no recordaba nada.
Se adentró en el bosque para buscar más huellas y pistas hasta que se perdió, desorientado y hambriento se dejó caer al suelo, y lo peor de todo, estaba empezando a anochecer.
No iba a rendirse tan fácilmente, no podía dejarse caer aquí sin más y esperar que llegaran las cosas a su encuentro. No lo hizo, se levantó, pero no se movió, volvió a mirar al suelo y vio la cinta con la que Elvira remató aquella noche su hermoso peinado. La recogió y miró a todos lados, vio un camino de ramas rotas entre los árboles, muy confuso, pero estaba dispuesto a arriesgarse por cualquier mínima pista que pareciera lógica.
No se puede decir que aquel camino fuera fácil, las ramas rotas hacían el trayecto incluso más complicado. Se hizo totalmente de noche, por suerte la luna iluminaba lo suficiente para ver a su alrededor. Llegó a un claro, pero no era un claro natural, había sido provocado por el fuego, los árboles que definían un circulo, estaban chamuscados, y en el centro, había un pendiente.
Esto fue demasiado para su débil cordura, le flojearon las piernas y se derrumbó en las cenizas.
Con el canto de los pajarillos a la mañana siguiente, se levantó de un sobresalto. Ningún ruido especial, simplemente el hecho de ser consciente de que estaba durmiendo sobre cenizas en un círculo chamuscado de árboles, sin olvidar que ahí encontró uno de los pendientes de su prometida.
Recapituló toda la información que fue recogiendo, debía recordar aquel fuego, supuestamente, fue él quien recogió a Elvira y la trajo hasta aquí, eso como mínimo. Hizo grandes esfuerzos por recordar allí donde su memoria había decidido alojar una laguna. Recodó la curva, recordó el ruido, la luz verde y después, solo blanco.
Recordó que después de eso todo fue blanco.

3 comentarios:

Elena dijo...

En blanco me he quedado yo!!! Q le pasó a Elvira?? Lo llevo preguntando desde el primer capitulo y la chica no da señales!

Ramón Mascarós Bertomeu dijo...

paciencia, ahora a esperar el tercero o 1.02

Elena dijo...

paciencia?? q es eso?? XD