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lunes, 15 de septiembre de 2008

"WarF" la novela Cap-1

Cap-1 [Cambios]
Dos de la mañana, un caserón de dos pisos en la urbanización con más dinero por parcela de Europa. La casa es una de las más céntricas, con más vocerío y luces de la noche, las otras casas duermen o están temporalmente abandonadas por sus dueños que acudieron con ilusión a la fiesta más importante en la urbanización organizada este año por la familia Álvarez.
Aunque es una fiesta animada, todo lo que empieza se acaba, o se va acabando poco a poco, sobre todo con tanta gente, las parejas y grupos se van marchando como en cuenta gotas con diversas excusas que se van elaborando a lo largo de la noche en la mente de los más solitarios, o de repente en aquellas cabezas mas despistadas.
Se abre la puerta, la luz y los sonidos se escapan por el hueco que deja libre la entrada, por la que se despiden por ahora una pareja que es la envidia del vecindario, de la ciudad, o posiblemente por una gran cantidad de personas de todo el mundo, principalmente ese tipo de personas que dedican parte de su tiempo a informarse de las cosas, de esas cosas que no se anuncian a bombo y platillo una y otra vez en los medios más comunes, pero que se anuncian con mucha importancia y orgullo .
La fama y los éxitos se los lleva deliberadamente él, aunque ella no se queda de brazos cruzados, la mayoría de la gente no consigue recordad su nombre, mientras que cuando ven la cara de Efraín les resalta el nombre como titulares en la conciencia más inmediata.
Posee un éxito bien merecido por su trabajo y sus avances en tecnología punta, con ideas innovadoras, más que innovadoras son ideas que para algunos son alardes de superioridad, y para otros son cosas que un humano no puede pensar sin que haya algo que se las susurre al oído por las noches.
La fama la conserva por su carácter humilde y apacible, y porque no para de avanzar en la mayoría de los ámbitos científicos, consiguiendo así llenar un gran saco con las envidias de los compañeros de campo de todo el mundo.
Consiguió conocer a una mujer que no solo es tan brillante como él, sino que posee una belleza que rivaliza con la de los sueños más apasionados.
Una mujer que le rodea con el brazo, en el quicio de la puerta de una gran mansión, por la cintura. Se despiden alegremente, y dejan tras de sí un ligero sentimiento de abandono en el corazón de los anfitriones.
Para esta ocasión Efraín decidió coger el deportivo biplaza que le aseguraba un agarre casi perfecto, con el asfalto mojado le gusta sentir la potencia a 15 centímetros del suelo.
En esta ocasión, de no tener un coche en condiciones, las salpicaduras del agua le llegarían a empapar de forma considerable. La lluvia ha aumentado desde que entraron en la fiesta, se llevan gran cantidad de agua al interior del vehículo, y con una excitación poco disimulada, por la carrera hasta el coche, se miran con una complicidad de adolescentes enamorados.
- Ha sido una fiesta divertida – dice ella como si no reconociera que la pasión en el interior de Efraín fuera aumentando.
-¿Tienes sueño?
Hacía mucho tiempo que no necesitaban hablar para comprender lo que querían decir, incluso con una pregunta así ella comprende que lo que Efraín pretende no es irse a dormir sin más, ni siquiera ir a casa directamente.
Así arranca el coche y se dan cuenta que aún ha aumentado más la lluvia, pero no importa, poseen el fuego el interior que les empuja a moverse con furia y sin pausa. Salen del jardín de la familia Álvarez y giran a la izquierda, directamente a la salida de la urbanización, en momentos así solo ellos saben dónde van, tienen como costumbre, en momentos de pasión principalmente, escapar a un lugar aislado que nadie conoce, excepto ellos dos claro.
La habilidad en el volante y las carreteras vacías, aunque llueve cantidades ingentes de agua, Efraín en menos de diez minutos consigue salir de una zona remotamente civilizada y se sitúa en una carretera de un carril sin luces y rodeado de arboles, un paisaje precioso si la cortina de agua permitiera verlo.
No es común encontrarse con animales por aquí, al menos no animales grandes. Quizás sea su imaginación, quizás sea el cansancio pero podría asegurar que un borrón enorme se cruza en su camino desviando su atención de la carretera. No es que se le vaya el control, pero ya no esta tan encerrado en la comprensión del asfalto, las curvas y la lluvia. En ese momento, ella sin saber que ha perdido la concentración y confiada en que siempre controla la situación hasta niveles absurdos, dice:
-Te quiero.
En ese momento, a una velocidad imposible en esta carretera, Efraín la mira a los ojos.
No es digno describir las maniobras y trayectorias que consigue realizar la pareja y el vehículo, pues si no es por los cinturones de seguridad, sin duda proyectarían trayectorias muy diferentes vehículo y personas. El resultado final, ya que no existen milagros tan grandes, es un coche dando vueltas por un terreno fangoso con un estruendo capaz de atemorizar a la persona más feliz. Por un terreno rodeado de arboles gruesos y rígidos, no es de extrañar que el vehículo se detenga contra uno de estos.
El lamborghini se halla empotrado contra un árbol, que en estos momentos semeja la dura superficie del acero, tan terrible que es capaz de destrozarte la vida de un solo golpe. Boca abajo y medio partido, por la puerta casi intacta del conductor, consigue salir Efraín que en la oscura noche atormentada no solo por los rayos, truenos y litros de agua. Sucio de barro, mezclándose las lagrimas con la lluvia que compite por la superficie de sus mejillas, y la sangre que sabe a un instante perdido, que luce como una oscura mancha en una piel temblorosa. Efraín consigue decir:
- ¿Elvira? ¿Elvira?

3 comentarios:

Joey dijo...

tiene ese algo que por fortuna o por desgracia sólo poseen algunas personas... ya has demostrado que lo sabes pintar, te diré que este principio de quererlo expresar con palabras, promete.

Ramón Mascarós Bertomeu dijo...

gracias, espero que el resto vaya fluyendo y os guste y vaya enganchando ^^

Sucoma dijo...

Si lo que esperas es gustar, lo vas consiguiendo; si lo que esperas es enganchar, lo vas consiguiendo.
Sí sí, me ha gustado, ¿será porque no me ha dejado indiferente?
Hablamos, Ramón.